Al dueño de La Casona de Lanús, boliche donde los patovicas asesinaron a un jóven de 20 años, lo acusan de homicidio, violación y narcotráfico. Su relación con el poder y familiares en la Justicia, le dan vía libre a la bestia.
El 3 de diciembre de 2006, Martín Castelucci, quien tenía 20 años, se cambió, se perfumó, tomó su billetera y partió hacia el boliche La Casona, donde había pensado ingresar a divertirse junto a sus amigos. Sin embargo, nunca regresó a su casa a dormir. Antes de poder entrar al boliche, el custodio José Segundo Linqueo Catalán lo golpeó salvajemente hasta provocarle la muerte cerebral, que se produjo cuatro días más tarde, pese a la lucha en el hospital para salvarlo. La semana siguiente, la disco fue destrozada por sus amigos.
Un bienio después de la tragedia, el patovica se encuentra en prisión preventiva a la espera del juicio, que está en receso hasta diciembre de 2009, pero Atilio Amado, dueño del lugar, no tuvo la indagatoria que reclama la familia de la víctima.
No es la primera acusación de la cual sale impune Amado, quien enfrentó varias denuncias de discriminación, violación y abuso de menores. ¿Por qué siempre es declarado inocente?¿Cuál es la razón por la que muchos temen declarar lo que saben en su contra? Uno tiene la hipótesis, gracias a nuevos datos, trascendidos, y entrevistas que dan cuenta de eso, de que su parentesco con el Dr, Carlos Natiello, miembro de la cámara de Casación, “apretadas” de sus matones a víctimas y testigos, y las conexiones con el intendente del partido durante casi treinta años, Manuel Quindimil, vinculadas al narcotráfico dentro de su local, le dan al empresario un carácter de “intocable” para la Justicia en la zona sur.
Un boliche lleno de acusaciones
La discoteca La Casona, cuya clausura definitiva fue dictada por el decreto 2218 del 15 de diciembre de 2006, está ubicada en 25 de Mayo.79, a metros de Hipólito Yrigoyen, pleno centro de Lanús. Ya se habían suspendido sus actividades una semana antes, en aplicación del artículo 35 de la ordenanza 5041. El local abrió sus puertas en 1982 y era considerado uno de los de mayor nivel de la zona, no sólo porque contaba con una gran infraestructura, con cuatro pistas, o porque iban famosos, sino que era uno de los pocos que dejaban entrar a menores de 14 a 16 años. Concurrían a la misma un promedio de 3 mil personas por noche.
Fue propiedad de José Amado, quien decidió dedicarse sólo a su casa de electrodomésticos ubicada en Remedios de Escalada y dejó el boliche en manos de sus hijos Atilio, que tiene 48 años, y Eduardo, en 1989, aunque éste último la dejaría a principios de 2000.
Siempre tuvo el concepto de un lugar para clase media-alta, con recitales de estrellas. Por allí pasaron, entre otros, Soda Stereo, Los Pericos, Los Autenticos Decadentes, Kapanga, y con la irrupción del cuarteto y la cumbia, abrió sus puertas a Rodrigo, La Nueva Luna, Leo Mattioli, Damas Gratis.
Sin embargo, el ingreso al lugar y el costo de la entrada no era uniforme. “Según como estabas vestido, el color de piel, o el peso, Atilio, que estaba parado ahí, le decía a la promotora que color de tarjeta te daba. Había de $3, $5 , $7, $10 y $25. Y debías pagarlo en la caja”, relata Mauro Caruso, un chico que era frecuente visitante. Esta versión, no es desmentida por el Bichi, un ex tarjetero que prefiere no detallar su nombre y apellido “por las dudas”: “Pasa que iba en grupo de varios. Hacía entrar a todos menos a la gordita o al de piel más oscura, que lo hacía esperar en la puerta. Con tus amigos adentro, ¿te vas a ir a tu casa? Preferían pagar los $25”.
Este “modus operandis” le trajo varias denuncias por discriminación a Atilio Amado y al boliche. En ninguno de los casos le tocó pagar un centavo. La abogada María José Galeano explica que el acusado puede ampararse en el “derecho de admisión” y es poco lo que se puede hacer porque “es casi imposible comprobar que lo hace por racismo y uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario, sobre todo cuando son personas con poder, que pagan un patrullero por semana”.
De todos modos, Atilio Amado enfrentó causas penales muchos peores: violación y abuso de menores. El caso más famoso ocurrió en la madrugada del domingo 17 de agosto de 2003, cuando una menor acusó al empresario de haberla violado. El testimonio coincide con el de varias jóvenes. Al parecer, la chica, cuyo nombre no se dio a conocer más que por la letra C., de 15 años, le fue a pedir una consumición. El dueño la encerró en la cabina del disck jockey, le habría puesto un depresivo (a veces utilizaba otro tipo de estimulantes) en el alcohol, la tiraba contra una colchoneta que ya tenía en el lugar, y las penetraba con preservativo. “Es un violador, le gustaba las nenas de 14 o 15 años. Y si eran vírgenes mejor“, cuenta una jóven que no revela su identidad en un relato que coincide con varios en los diversos foros y sitios de Internet cuando pone el nombre del dueño en el buscador. Aunque no todos opinan igual. “No eran nenas de mamá. Atilio tenía el colchón, es cierto, pero iba la que quería. El dueño de un boliche así, que tenía su facha, no necesitaba violar a nadie. Es que varias de ellas se querían aprovechar y sacarle plata o estaban despechadas porque no les daba más bola”, manifiesta Andrea, en defensa del empresario. “A mí no me consta, pero no pongo las manos en el fuego por nadie” dice el Bichi, en un claro intento de esquivar la pregunta.
El caso de C. fue denunciado en comisaría Primera de Lanús apenas sucedido el caso, con el testimonio de una amiga de ella que vio todo, y fue investigado por la fiscal de Lomas de Zamora, Norma Morán. No sólo fue raro que no hubo castigo para Amado, sino que el diario zonal La Defensa denunció que la testigo recibió amenazas y que hubo irregulariades en el peritaje. El periódico señaló que “(...)no se le realizó a la menor lo que se conoce como peinado para detectar el vello púbico de la persona con la que mantuvo relaciones, tampoco se preservó en bolsas asépticas la ropa de la denunciante y la Fiscalía 12 no ordenó el inmediato allanamiento y resinado de la cabina de disck jockey” (...).
El final para Martín y la lucha de su padre
La noche de la tragedia de Martín Castelucci, éste salió en defensa de un amigo, a quien había sacado a los empujones uno de los custodios. Aparentemente, los chicos hicieron la fila nuevamente y recibieron el mismo trato, aunque uno de los patovicas, golpeó brutalmente en la cara a Martín y lo arrastró hasta la esquina de la discoteca. Una ambulancia lo llevó al hospital Evita de Lanús, desde donde lo trasladaron al IADT, lugar en el que falleció. Quienes figuraban en la lista como “porteros”, José Segundo Linqueo Catalán, de 28 años, (el que golpeó a Martín) y Jorge Romano, de 47, fueron detenidos, aunque éste último fue liberado por falta de pruebas. El padre del joven, Oscar, armó una Asociación Civil con el nombre de su hijo, que cuenta él mismo que trabaja “contra la discriminación, la violencia y los derechos de los jóvenes”. En declaraciones telefónicas, Oscar explica: “Tenemos un programa de radio, llamado ‘No mires para otro lado’. Nos juntamos con otras personas similares, que también perdieron a sus hijos , porque si nos unimos se hace más sencilla la lucha”.
Consultado sobre el nombre del programa, dice que es uno de los objetivos principales, que no haya testigos con miedo, porque “no se dan cuenta que la próxima víctima pueden ser ellos”. Hace referencia especialmente a una menor, cuyo testimonio al noticiero de América carece de validez para la justicia si no se presenta a declarar. La chica explica por televisión:
“…Y Martín después de 45 minutos que hicimos la cola agarra, se acerca y dice: “¿Cuándo va a avanzar la cola? Hace un montón que estamos acá, hace una hora que estamos acá esperando...”. Y el patovica le agarra la oreja izquierda y le dijo, agarró y le dijo: “Salí para afuera” y le agarró la oreja. Y Martín lo único que hizo fue agarrar, acercarse y le dijo: “¿Por qué me tiras la oreja?”. Y ahí agarró y fue el patovica….sin decirle a … agarró y le pegó... una piña, le pegó … eh, primero en la mejilla derecha, que le … lo sacudió todo y después agarró le pegó otra en la parte izquierda, y ahí fue cuando Martín voló, porque fue que voló Martín de la trompada que le dio. Martín cayó al piso con la cabeza directamente y en la vereda están las gotas de sangre, no sé si ahora pero estaban, le rompió la cabeza, le rompió el cráneo y lo dejaron tirado. Yo estaba a cinco pasos”.
Oscar no se conforma con encerrar al patovica, sino que acusa por homicidio con dolo eventual del dueño de “La casona”, Atilio Amado, y de los policías de la bonaerense presentes en el lugar, Cristian Javier Messina y Guillermo Martín Guzmán.
No fue el primer caso similar que enfrentó La Casona. El 12 de julio de 2003, cuatro jóvenes habían sido golpeados por los custodios salvajemente. La causa se archivó en el Juzgado de menores número 5.
El sábado posterior a la tragedia, amigos de Martín destrozaron e incendiaron el frente del lugar, en señal de protesta.
Todo queda en familia
No todo se reduce al parentesco de los Amado para explicar la relación con el poder y la impunidad de Atilio. El dueño de La Casona está casado con Liliana C. Natiello, titular del Juzgado de Garantías Nº 3, y es el yerno de Carlos Ángel Natiello, quien es Juez de Casación. “Todo ayuda en este país. Mi viejo hablaba con él y una vez le manifestó que nos multaron. De la nada, le dijo que si necesitaba un favor del juzgado de Lomas de Zamora se lo podía conseguir por la mujer. ¿Por qué la chica estaba con él a pesar de las acusaciones? Eso no lo sé, es cosa de familia”, cuenta Eduardo Romay, vecino de edificio de Atilio cuando vivía en Lanús (ahora el empresario está en Banfield y manifestó que no realiza declaraciones)
El protegido de Manuel.
Manuel Quindimil fue el intendente del Partido de Lanús de 1973 a 1976, y de 1983 a 2007. Durante su mandato, hubo varios puntos ocultos. A saber, dos de sus familiares fallecieron en oscuros episiodios: Su hija Ana María y su yerno Carlos Giangaluano.
La revista “El Guardián” elaboró las siguientes hipótesis, que coinciden con la de la página de Internet Seprin.com:
“Ana María no se llevaba bien con su marido, y le había pedido el divorcio. Éste, una vez llegó a lastimarle el brazo, y se dice que la quiso golpear. Ella , lo mató con varios disparos. Después, Carlos apareció colgado del techo del ventilador, con una sabana, y la escalera que usó para matarse estaba a varios metros en un rincón.
También hay que sumarle el confuso episodio, donde muere un custodio de Quindimil , a metros de la inmobiliaria de Ana María , dijieron que fue un asalto... Posiblemte se trataría de ‘un homicidio por encargo contra Ana María que no cerraba la boca’
En esta parte, según datos, Ana María, que nunca le gustó la política, estaba cansada e iba hablar todo.
Sabría de supuestas cuentas secretas de Manuel Quindimíl en las Islas Caimán, y todo lo relacionado con el tráfico de Drogas”.
El narcotráfico es la razón por la que se lo vincula con Atilio Amado. Un boliche como La casona tiene todo lo que buscan los que venden la droga: muchos jóvenes, excesos, alcohol, ausencia de policías y dinero en poder de los menores.
A cambio, Atilio Amado no sólo se llevaba un porcentaje de dinero, sino que recibía ciertos “concesiones” con la que no contaban los otros boliches de la zona. En 1997 violo constantemente la Ley Provincial que obligaba a cerrar a las 2 de la mañana los lugares nocturnos, y quienes alguna vez estuvieron en el lugar dan cueta de la fañlta de inspecciones, no sólo a nivel de inraestructura, sino porque los chicos de 14 años salían alcoholizados.
“Yo estuve 4 años y nunca observé algún control. Venían inspectores, pero a pasarla bien y a charlar con Atilio”, recuerda Bichi.
“Mi mamá trabajaba en la Municipalidad de Lanús y le daban una tarjeta VIP que decía Manuel Quindimil, y pasabas gratis. Pero se conseguían igual”,relata Pablo Bacilio, otro de los parroquianos visitantes de la noche del local. Y va un poco más allá: “Se veía droga. No me ofrecieron, pero a mis amigos sí. En la pista de afuera se fumaba mucho porro a la vista de los de seguridad, algo había. Y adentro se conseguía de todo”.
Contacto con el poder, familiares en la Justicia, impunidad, narcotráfico, matones que amenazan testigos y frases como “no pasa nada, todo se arregla” lo rodean. Esa mafia lo viste con un traje que lo protege ante cada demanda. En el medio de este juego, un hombre que no le interesa que las chicas de 14 o 15 años (y se dice que varones también) con ilusiones en el amor y fantasías sobre su primera vez, hayan perdidos su virginidad, hayan sido violadas o abusadas. Tampoco ser responsable que un joven de 20 años que sólo quería divertirse, para el lunes continuar estudiando medicina y planear su futuro, haya terminado en una esquina, para morir días después.
Esa pesadilla que acaba con el sueño de muchos, tiene nombre y apellido: Atilio Amado. Y también tiene vía libre para arruinar familias.