Cuando Arsenal se encaminaba hacia una nueva derrota, el Papu Gómez se transformó en la gran figura y Matellán definió el partido con un gol agónico.
Se los necesitaba, y mucho. El 0-2 golpeaba, sobre todo porque Arsenal se parecía más al equipo sin alma que cayó en Rosario que al combativo al que se habían prometido retornar durante la semana. Faltaba que alguien tomara las riendas para impregnarle volumen de juego a un conjunto que abusaba del pelotazo y que otro fuera capaz de empujar desde el fondo y definir el partido al mismo tiempo. Allí fue que Alejandro Gómez y Aníbal Matellán se calzaron ese traje y todo cambió.
El Papu, tan veloz e incisivo como siempre, las pidió todas, fue la figura del partido y le puso la frutilla al postre con un golazo, en el que gambeteó dos defensores y definió al segundo palo. "Juagmos un primer tiempo muy malo y necesitábamos mucho hacernos fuertes de local", respondió el punta sobre la razón del grito tan efusivo, que le valió la amarilla.
Otro que festejó fue Matellán. El defensor, vital para cortar los contragolpes de Banfield, además volvió a transformarse en goleador en partidos importantes. "Esto es bárbaro para cambiar el ánimo de cara a los partidos que vienen, porque es mejor trabajar con una victoria", tiró Mate, que se lo dedicó a sus compañeros "por lo que sufrimos en el partido". El, como el Papu, ya habían dejado la ropa de héroes en el vestuario.
Nota publicada en Olé, el 21 de septiembre de 2008
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